¿Qué es la felicidad? ¿Una meta? ¿Un camino? Tantas personas han hablado sobre este tema a lo largo de la historia y aún a día de hoy seguimos sin saber definir qué es exactamente eso de ser feliz.

Para unos la felicidad consiste en tener muchos bienes materiales, para otros en trabajar pocas horas, otros buscan hacer deporte y ver a sus amigos o pasar una tarde con sus hijos. Para mí la felicidad es aprender a disfrutar de lo que la vida nos ofrece a cada instante.

Tenemos que comprender que todo es perfecto tal y como es. Cada situación a la que nos enfrentamos está ahí para hacernos crecer y avanzar. Cada cosa con la que nos estancamos, cada momento difícil, cada instante de alegría sucede para que desarrollemos nuestra felicidad.

Soy una persona alegre y optimista, según el eneagrama pertenezco a una personalidad de actitud positiva. Sin embargo, he pasado por momentos en los que me encontraba triste. Cuando tenía 15 años tuve que cambiar de país por el trabajo de mi padre y me costó muchísimo adaptarme al nuevo entorno. Me sentía diferente, mi único deseo era coger un avión y volver al lugar al que pertenecía. A los 23 años al terminar mi carrera me sentí totalmente perdida y sin rumbo, con una angustia gigante de no saber qué hacer con mi vida. A los 24 años rompí una relación con un hombre al que adoraba incondicionalmente y sentí el dolor del amor, un pinchazo en el fondo del corazón parecido a cuando te clavan una aguja. Durante años critiqué mi cuerpo y me sentí muy incómoda y angustiada porque mi imagen no era la que los cánones de belleza actual consideran adecuada.

No me considero una súper heroína por haber superado estas situaciones. Sencillamente esto ha hecho que me convierta en la persona que soy hoy en día. Gracias a esto he aprendido que en la vida siempre va a haber alguna situación imposible de controlar por muy dolorosa que sea y que es necesario enfrentarse a ella.

Si hoy alguien me preguntase que si soy feliz, le respondería que disfruto de una profunda felicidad cotidiana. Tengo problemas y hay cosas que me angustian, pero ya no me tomo las cosas tan a la tremenda. Ahora paso por la tristeza y la preocupación como paso por la risa y la alegría entendiendo que son estados de ánimo y que se irán cuando haya aprendido de ellos.

Hoy disfruto de una agradable felicidad cotidiana. Por este motivo quiero compartir contigo 10 claves que me han ayudado y que también te pueden ayudar a ti a ser feliz en el día a día.

  1. Expresar mi punto de vista: antes quería ahorrarme discusiones y problemas así que cuando algo no me gustaba me callaba y sonría. Hoy en día digo claramente qué es lo que pienso, por qué lo pienso y lo defiendo pase lo que pase.
  1. Reservar mínimo una hora al día para mis cosas: antes se me pasaban los días y no sacaba tiempo para mi ocio y mi diversión. Hoy en día reservo siempre una hora de la mañana para hacer deporte o para leer antes de comenzar mi jornada laboral.
  1. Soy auténtica: antes me daban vergüenza algunas cosas de mi personalidad y de mi forma ser. Hoy he descubierto que siendo auténtica puede que haya gente que me critique, pero que me respeto a mí misma y eso me hace infinitamente más feliz que caerle bien a un montón de gente.
  1. Disfruto de la gente cercana: Me encanta pasar tiempo con mi familia, con mis padres, mi hermana y mis primos. Cuando era más joven sentía que tenía que ver a un montón de gente y tener una vida social muy ajetreada. Con el tiempo he aprendido que muchas veces menos es más.
  1. Doy paseos por el campo: Antes no sé qué hacía pero no respiraba aire puro ni veía naturaleza casi nunca. Hace un par de años empecé a dar paseos en bicicleta por la casa de campo de Madrid y descubrí lo bien que sienta la naturaleza. Hoy en día me encanta correr por el campo al menos una vez a la semana.
  1. Me gusta mi trabajo: Todos los trabajos son agobiantes y todos exigen una gran responsabilidad, pero sí te gusta lo disfrutas enormemente. Me encanta hacer sesiones de coaching y dar conferencias. Aprendo muchísimo y siento que hago una bonita labor.
  1. Mi alimentación es natural: Esto sí que no ha cambiado mucho. He crecido con una madre médica que siempre se ha preocupado por alimentarme sanamente. Procuro comer todo natural, nada envasado, ni procesado. Tampoco bebo zumos envasados, ni bebidas azucaradas. Es más me saben tremendamente mal. 
  1. Me comprometo al 100%: La verdad es que nunca me han gustado las cosas a medias. Soy de las que hace las cosas bien hechas o no las hace. Si salgo a correr corro bien y no me paro. Si escribo un post lo hago lo mejor que puedo. Si hago una sesión estoy atenta al 100%. Creo que es la única manera de sentirse satisfecho.
  1. Acepto a las personas como son: Cada persona tiene una historia y una forma de ser. Antes me preocupaba cuando alguien no pensaba igual que yo y a veces incluso pretendía cambiar el punto de vista de las personas. Hoy en día dejo que cada uno sea como es. Todos somos como somos porque ha sido la mejor manera que hemos encontrado para adaptarnos a las circunstancias que nos ha tocado vivir.
  1. No tengo expectativas: Cada situación la vivo dando lo mejor de mí y sin esperar nada. Pienso que todo saldrá de la mejor manera que tenga que ser. Y si algo sale mal o me hace daño, pienso en qué hice yo para que esa situación no me hiciese completamente feliz. Busco mi aprendizaje.

¡Espero que estas 10 claves te den pistas para empezar a disfrutar de una profunda felicidad cotidiana!

Si quieres añadir algún comentario puedes hacerlo aquí mismo o contactarme escribiendo a hada@coachingdepareja.com. ¡Estaré encantada de recibir todo lo que me puedas aportar! ¡Un beso!

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