Hace unos meses vino a mi consulta Ana. Una chica delgada y sonriente que se debatía entre dejar a un hombre con el que tenía una relación o seguir con él aceptando las condiciones que él imponía.

Ana llevaba en esa relación más de cuatro años y desde el primer mes nunca se había sentido completamente feliz, pero ahí seguía. Cuando comenzaron a verse Juan le dijo que él no estaba buscando una pareja estable que se podían ver los fines de semana pero que no esperara nada más de él. Al principio Ana tampoco sabía qué quería, así que aceptó esa condición.

Pasaron cuatro años en los que Ana y Juan sólo se veían los fines de semana. Ella iba a su casa el sábado por la tarde veían una película o iban al cine, cenaban, hacían el amor, dormían juntos y a la mañana siguiente se despedían. No hablaban por teléfono entre semana, no tenían amigos en común, no celebraban nunca su cumpleaños juntos, ni se iban de vacaciones.

Durante esos cuatro años Ana intentó de todo para tener una relación en la que ella se sintiera satisfecha.

Habló varias veces con Juan sobre cuál era el futuro de la relación, él le decía que estaba contento así y que no le gustaba hablar de esos temas. Ana pensaba que tenía que aceptar que a Juan no le gustaba hablar de relaciones, que era un hombre y que esos temas le preocupaban menos que a ella.

En otra ocasión Ana intentó llevar a Juan a cenar con sus amigos, pero a él no le interesaba conocer a nadie del entorno de ella. Esta vez Ana pensó que tenía que aceptar que Juan era tímido y que era normal que no quisiese conocer a gente nueva.

Otro día saliendo del cine Ana quiso darle la mano Juan para dar un paseo. Juan le dijo que le daba muchísima vergüenza que le vieran dándole la mano y rápidamente soltó a Ana. En aquel momento ella pensó que tenía que aceptar que ellos no tenían una relación formal y que era comprensible que él no quisiese cogerle la mano.

Lo que más le dolió a Ana fue el día que encontró ropa de otra mujer en casa de Juan. Cuando le pidió una explicación, él le contestó que desde que se conocieron él le había dicho claramente que no estaba buscando una pareja estable. En ese momento Ana pensó que era cierto, que tenía que aceptar esa situación porque ella sabía que no eran una pareja.

¿Por qué duró tanto tiempo la relación de Ana y Juan?

  1. Ella creía tenía que aceptar a Juan como era. Pensaba que de esa manera él se iba a sentir más a gusto con ella y así algún día iba a querer tener una relación formal con ella.
  1. Ana también pensaba que era un hombre tan maravilloso que en ningún lugar de la tierra iba a encontrar a alguien así. Así que decidió que era mejor aceptar verle en esas condiciones que no tener ningún contacto con él.
  1. Además, Ana estaba convencida de que tenía que tratar bien a Juan y cuidarle mucho, porque así él un día se daría cuenta de que ella era la mujer que mejor le había tratado y elegiría estar con ella.
  1. Por otro lado Ana creía que si la relación había durado tanto tiempo era porque había amor de verdad, sólo que Juan aún no lo aceptaba. Así que Ana pensaba que sólo era cuestión de esperar un poco más.

Ana, víctima de una relación de dependencia emocional, confundió la aceptación con el autoengaño.

¿Cuál es la diferencia entre la aceptación y el autoengaño?

La aceptación es cuando eliges libremente tolerar cosas que no dependen de ti o que tú no puedes cambiar. Por ejemplo un terremoto, la muerte de un familiar o un despido laboral. La aceptación siempre va acompañada de sentimientos positivos y liberadores.

El autoengaño es una estrategia mental que te impide aceptar la realidad. En vez de ver las cosas como son y asumir tu responsabilidad, eliges no ver aspectos que te resultan molestos, finges y ocultas lo que sientes. Esto ayuda a sentir menos dolor.

El límite entre la aceptación y autoengaño es minúsculo por eso es fundamental que cuando aceptes cualquier situación te preguntes qué sensaciones te produce tolerar esa circunstancia. Si sientes bienestar vas por buen camino, si no ten cuidado porque quizás estás cayendo en el autoengaño.

Si quieres añadir algún comentario puedes hacerlo aquí mismo o contactarme escribiendo a hada@coachingdepareja.com. ¡Estaré encantada de recibir todo lo que me puedas aportar! ¡Un beso!

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2 comentarios
  1. Lorenlay Dice:

    Muy buen artículo Hada. El ejemplo del caso evidencia la trampas que nos hacemos a nosotr@s mism@s por culpa de la dependencia emocional.
    Gracias por compartirlo. Un gran abrazo

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    • Hada García Cock
      Hada García Cock Dice:

      Gracias a ti Lorenlay por leerme! Valoro mucho tus palabras como psicóloga y gran profesional que eres! Un abrazo fuerte!

      Responder

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